Anoche estuve en una conferencia que mezclaba hábilmente los términos de economía y ética. Sin embargo, es posible que durante los primeros veinte minutos mi mente vagase por los pasillos de la facultad años atrás. Pensaba en qué pensaba entonces entre clase y clase de filosofía y etnografía. En un momento dado, el conferenciante se empeñaba en hacer valer las humanidades como primer bagaje sin el que nada de lo que pudiera venir después, cualquier otra ciencia, fuera posible. Fue en ese momento en el que prácticamente desperté. Por la mañana había tenido que ir a la biblioteca: paseo hasta la mezquita, paseo por el patio de la mezquita, y enfilar hasta la biblioteca como había hecho tantas veces, tantos años atrás. Pensaba en cómo podía haber pasado el tiempo tan rápido y cómo aquella calle podía estar tan vacía de significado ahora, tan desnuda aún plagada de los eternos anónimos turistas. La ciudad ya no es lo que era. El paseo de por la mañana y las palabras del conferenciante por la noche me hicieron buscarme entonces y todo era, en efecto, tan distinto, tan ajeno ya.
En su discurso volvía una y otra vez sobre la idea del proceso de descivilización en el que nos hayamos inmersos y en la urgente necesidad de tomar conciencia y de rehacer la sociedad entera. Lo que me parece una tarea tan a gran escala como imposible. El tiempo no se detiene o no lo hacemos nosotros.
Después, ya en casa, escuché en las noticias que habían rediseñado la imagen del ratón Mickey que, si bien físicamente no cambiaba mucho, sí lo hacía en personalidad porque han buscado imprimirle carácter y algo de mal genio para adaptarlo a los niños actuales. Pensé entonces que con ese nuevo diseño, en realidad, lo que consiguen es desvirtuarlo y que, quién influye en quién: ¿lo que se ve en televisión en los niños o los niños de ahora en la televisión? y además, ¿serían capaces de reinterpretar también los cuentos de siempre porque la dulzura y el encanto de Blancanieves -por poner un ejemplo- sencillamente ya no está de moda?
En su discurso volvía una y otra vez sobre la idea del proceso de descivilización en el que nos hayamos inmersos y en la urgente necesidad de tomar conciencia y de rehacer la sociedad entera. Lo que me parece una tarea tan a gran escala como imposible. El tiempo no se detiene o no lo hacemos nosotros.
Después, ya en casa, escuché en las noticias que habían rediseñado la imagen del ratón Mickey que, si bien físicamente no cambiaba mucho, sí lo hacía en personalidad porque han buscado imprimirle carácter y algo de mal genio para adaptarlo a los niños actuales. Pensé entonces que con ese nuevo diseño, en realidad, lo que consiguen es desvirtuarlo y que, quién influye en quién: ¿lo que se ve en televisión en los niños o los niños de ahora en la televisión? y además, ¿serían capaces de reinterpretar también los cuentos de siempre porque la dulzura y el encanto de Blancanieves -por poner un ejemplo- sencillamente ya no está de moda?
3 commentaires:
Me encanta cómo expresas el fluír de tus emociones... esa sucesión de pensamientos encadenados, que son un eslabón entre el pasado y el presente...
Un saludo.
Gracias Alegría.
Un saludo también para tí.
Sí, el tiempo pasa inexorablemente y cambia nuestra forma de ver las cosas, así como, cambia a las nuevas generaciones. A mí no me parece tan difícil hacer cambiar al mundo, lo verdaderamente difícil es quitar del poder a aquéllos que hacen que el ser humano se desvirtualice convirtiendose en un demonio. Por qué hay cadenas que ponen series que degradan la catadura moral de jóvenes, mayores y niños. Yo no creo que haya demanda de tanta mierda. Pero bueno, esto ya es divagar. Como siempre un escrito etéreo con una visión global sin renunciar a las emociones. Un beso.
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